Ratas Trajeadas (Parte 2)

Lo prometido es deuda, y vamos con el segundo relato de Ratas Trajeadas, si gusta podría crear una sección de relatos de diversos personajes de oficinas, sería la sección de Ratas Trajeadas;

“David se levanta cuando aún es de noche, su casa está tan gélida que no puede reprimir un escalofrío que le recorre todo el cuerpo. “Si la luz sigue subiendo a esta paso no se que voy hacer” se maldice para sus adentros por no ganar tanto como para poder mantener encendida la calefacción durante la noche.

Tras una ducha acelerada y un desayuno fugaz se depide de su mujer e hijas con dos besos mucho más cortos de lo que a él le hubiese gustado. Se lanza a una barbarie de viaje de mas de una hora entre autobús y metro, ambos llenos hasta rebosar. Mientras el vagón se mueve violentamente entre los viejos y desgastados raíles David no hace mas que darle vueltas a su precaria y lamentable situación en el trabajo. Ayer salió a las once de la noche de la empresa y llegó a su casa pasadas las doce, tras esto no pudo acostar a sus dos hijas ni verlas, y su mujer no estaba para bromas, llevaba asi el ultimo par de meses, algo que parecía que se convertía en rutina y su mujer se empezaba a cansar de esa rutina.

Llega algo tarde a trabajar pero se alegra al comprobar que su trilero jefe no está, “Seguro que está en uno de sus desayunos de hora y media” piensa con amargura. A pesar de llevar varias semanas trabajando varias horas extra al día se sienta preocupado en su puesto de trabajo, aún tiene mucha carga de trabajo por resolver, “demasiada para una sola persona” reflexiona para sus adentros. Cada día se le hace mas pesado, y su motivación merma  y disminuye hasta llegar varios metros bajo tierra. Para colmo aun no sabe nada de la supuesta compensación por trabajar tantas horas extra, aprieta los dientes y piensa en dejar aquella mierda de trabajo, buscar cualquier otra cosa, como por ejemplo ser jardinero, algún trabajo donde todo lo que toque no se convierta en mierda, imagina cómo sería presentar la baja y largarse de aquel antro. Cuando enciende el Ordenador y ve la foto de su familia como fondo de escritorio recuerda de golpe que no le queda más remedio que tragar.

Comienza a desplegar código que tenia encapsulado en un .war, justo en ese momento siente un golpe en su hombro. Es el jefe Trilero Máximo, el cual le pide que le acompañe. David sabe de qué va el tema, ya se conoce de sobra las reuniones Gestapo. La reunión no defrauda y el Trilero máximo le mete dos goles; el primero es una reprimenda deluxe por llegar tarde, en la cual resalta la baja calidad de su trabajo (está desarrollando sin estándares ni análisis definido, pero aun así se lo echa en cara) y en la cual le dejan claro que tiene que trabajar más y mejor, aumentar su compromiso con la empresa y sobre todo llegar a su hora. El otro punto de la reunión es que a la par de trabajar en aquella mierda de proyecto le meterán en un nuevo proyecto, proyecto que tiene pinta de ser otro marrón de dimensiones épicas. Genial, no tenia poco con un Proyecto Peste, cuando ¡toma!, de golpe un 2×1.

David intenta esquivar el tema y salvarse de todo aquello, pero su trilero se las sabe todas. Le asegura que la empres está trabajando en una mejora de su contrato, en una posible subida de sueldo o categoría,  y que sus esfuerzos están siendo tenidos en cuenta por la alta directiva y que pronto todo aquello se transformara en mejoras económicas (David aunque no es idiota se hace ilusiones sobre dormir con la calefacción puesta y un viaje a la playa con su familia tras varios veranos sin salir). Si su trilero fuese pinocho había empalado con la nariz al pobre David con tantas mentiras juntas. La reunión no acaba muy bien, pero acaba, y acaba con David aceptando las reprimendas, el nuevo proyecto y una sarta de falacias del tamaño de Júpiter.

Ese día David vuelve a llegar del trabajo a las tantas, tras un día de tensión, de prisas, de rehacer código una y otra vez, de tener que cambiar código y pantallas ya definidas por falta de un Análisis medianamente preciso. Llega agotado, sin espíritu ni ánimo, siendo una sombra alargada y oscura del hombre que fue. Cuando abre la puerta de su casa todo está en calma, sus hijos y mujer ya duermen, y a el solo le espera una fría cena precocinada lista para descongelar en el microondas. David cierra los ojos y suspira, tanto su cuerpo como su mente están totalmente agotadas.

Mientras el microondas arroja una cálida luz  al rostro de David este piensa; ¿Compensa este trabajado de mierda a todo esto?.

 

Leave a Comment

Your email address will not be published.

*

1 Trackback